Huertas comunitarias en barrios cerrados, desconectar y bajar el estrés.

Huertas comunitarias en barrios cerrados

Los barrios cerrados ponen de moda las huertas comunitarias

Huertas comunitarias en barrios cerrados, es una forma  de desconectar y bajar el estrés para los adultos. También la posibilidad de que niños y adolescentes tengan un contacto cotidiano directo con la naturaleza.

Ahora los barrios cerrados emprenden espacios comunes de cultivo que funcionan como encuentro entre vecinos y abastecen al Club House.

Fueron muchos los que se aventuraron a probar cosas nuevas y a potenciar la creatividad en un primer tiempo de aislamiento.

Desde recetas de comidas caseras hasta diferentes formas de comunicarnos, existen costumbres adoptadas que van a permanecer en el tiempo.

Una de ellas fue la proliferación de huertas domésticas, en diferentes espacios que se adaptaban a las posibilidades de los metros cuadrados en los hogares.

Así se trate de opciones de huertas verticales en balcones o patios, también están los que disponen de lugares abiertos para el desarrollo de esta actividad en forma comunitaria.

Un ejemplo es el caso de los vecinos de Haras del Sol, barrio privado ubicado en Pilar, quienes comenzaron con un proyecto de huerta colectiva.

A partir del aislamiento, varios propietarios comenzaron con estos emprendimientos particulares con el asesoramiento informal de otros vecinos. Esta práctica fue extendiéndose y  motivó a encarar un proyecto común que aglutinase a todos aquellos que tuvieran ese interés.

La mayoría de los involucrados en la actividad promedian los 40 años. Son quienes llegan al barrio con una filosofía de vida orientada a lo natural, la sustentabilidad y al cuidado del medio ambiente.

Además, prestan especial atención a inculcarlo en las generaciones más chicas. Las huertas significan un reencuentro con la naturaleza para sus hijos que crecieron en el ritmo de la ciudad y no tenían tanto contacto con los espacios verdes.

También, lograr que se sustraigan por un buen lapso de tiempo del ostracismo que genera la tecnología y los juegos electrónicos.

Este tipo de huertas comunitarias de uso común tienen varios objetivos y ventajas, entre ellos la provisión de hortalizas y legumbres a los espacios de Club House dentro de los barrios.

Tiene que ver no solo con una alimentación más consciente, sino además mucho más saludable, orgánica y económica. Especialmente esta concientización viene de la mano de los más jóvenes que traen este modo de vida como algo ya incorporado.

Lo cierto es que la pandemia fue un disparador adicional para profundizar el proyecto, que tiene un componente adicional: la sociabilización de los vecinos.

Hoy en día, los requerimientos tanto para llevar adelante una huerta en espacios amplios o de tipo “vertical” no son numerosos, sino que se debe contar con tierra fértil y atención al regado.

Especias como albahaca, tomillo, romero, salvia o ciboulette pueden ser excelentes cultivos para principiantes.

Es una actividad que promueve mucho el trabajo colaborativo en equipo. A los chicos les genera entusiasmo participar en forma concreta y práctica de todo el ciclo de vida de los vegetales: desde su siembra hasta su consumo.

Por otro lado, el resultado obtenido de las verduras de cosecha propia, es muy distinto a la industrializada, en lo que respecta al aspecto, sabor, y valor nutritivo que aporta al consumidor.

El desarrollo sustentable también es uno de los ítems que se destacan cuando se encaran estas propuestas.

El riego automático, muchas veces en los barrios de este tipo, está alimentado por paneles solares que generan la energía suficiente para su funcionamiento.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca , Argentina se encuentra en el 2° puesto del ranking mundial, de tierras certificadas para la producción de alimentos ecológicos.

Fuente: Los Andes

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